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Una movilización que no debe ser ninguneada
Vicente Palermo
19 de abril de 2013
(Club Político Argentino) Después de la movilización del 18 de abril hay mejores, no peores, condiciones para construir un camino de salida de la muy difícil situación política en que nos encontramos los argentinos.
 

(Club Político Argentino) El gobierno hizo lo imposible, en los últimos tiempos, para establecer una polarización política. Por fortuna no lo ha conseguido (al contrario, se esbozan grietas en sus propias filas). ¿Y esta manifestación? ¿Ha tenido un efecto polarizante?

Mi opinión es que no. Al menos en lo que he visto y oído (en Obelisco y Plaza de Mayo) predominaron las consignas suaves y hasta el barullo de los cacerolazos fue moderado. Pocos tenían esos utensilios de cocina, y en general eran pequeños y no se batían con mucha furia. Algo así como un cacerolazo en frecuencia modulada.

No sé si hubo más gente que en noviembre pasado, pero identifico sutiles diferencias: en noviembre hubo más consignas agresivas, y más bochinche. Anoche hubo, por supuesto, alguna que otra de esas consignas horribles, como “se va a acabar la dictadura de los K”, o la exigencia de “juicio político”, pero se oyeron (o leyeron) fugazmente y no fueron coreadas por la mayoría. En suma: el comportamiento colectivo, más allá de las intenciones y disposiciones de cada participante, no arroja un resultado polarizante.

Después de la movilización del 18 de abril hay mejores, no peores, condiciones para construir un camino de salida de la muy difícil situación política en que nos encontramos los argentinos. En ese sentido, ¿cuáles fueron las disposiciones más propositivas que se hicieron presentes? Poco sorprendentemente, las críticas que dominaron la escena estuvieron concentradas en el proyecto de reforma del Poder Judicial y en la corrupción; la valoración de una justicia independiente y la responsabilización por la corrupción a las más altas autoridades campearon por sus fueros. Esto fue, diría, lo que le confirió cierta unidad a un heterogéneo conjunto. Y también otra diferencia con la movilización de noviembre. En aquella ocasión, se respiraba en el ambiente – y se leía también a veces en las consignas – una demanda al poder: queremos, exigimos, ser escuchados. En esta ocasión – lamentablemente para el poder– esa demanda ha estado ausente: se asume que si el poder no escuchó hasta ahora, ya no va a escuchar, que la ruptura es irreversible. Tal vez por eso aparecieron algunas –bastante pocas– exigencias, ahora, a la oposición: “oposición única” en unos cuantos carteles, consigna, por supuesto, imposible de corear. La heterogeneidad de las pancartas (decisiva, sin embargo, en una manifestación que por carecer de un comando unificado prácticamente no puede vocear consignas unitarias salvo que alguna tenga un éxito arrasador, y no fue para nada el caso) mostró bien a las claras que la heterogeneidad de la composición de los participantes no estaba mediada por ningún agente político. Desde “no al fascismo” hasta “más sociedad, menos estado”, pasando por “ladrona” y referencias a Montesquieu y Locke (sic), se pudo leer de todo.

Prácticamente imposible fue, en cambio, encontrar alguna mención a problemas sociales (apenas una pancarta, chiquitita, aludía a la pobreza). Y la heterogeneidad de la composición del conjunto en términos culturales se complementaba con cierta homogeneidad social: más clase media-media y menos (si comparamos con la movilización anterior) chetaje. En síntesis: una movilización extremadamente expresiva de la sociedad y la política de hoy; le sugeriría a la Presidenta, por su bien, que no la ningunee como hizo en noviembre pasado.

Fuente: (Club Político Argentino)