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¿Agencias noticiosas o de propaganda?
Ricardo Trotti
10 de junio de 2011
En América Latina, la historia de las agencias de noticias estatales es patética. Están alejadas completamente de la figura del periodismo público. Los gobiernos han hecho de estas agencias espacios de propaganda política y, lo que es peor, usando dineros públicos que deberían administrar con eficiencia y no utilizarlos para beneficios partidarios, personales o gubernamentales.
 

Hace unos días, varios gobiernos latinoamericanos conformaron en Paraguay la Unión Latinoamericana de Agencias de Noticias, con la finalidad de “enfrentar el cerco mediático y la campaña de los monopolios de información” y para hacer “más democrática y plural la información”, según sus objetivos, los que se alejan de lo meramente informativo, para volver al viejo esquema izquierdoso de tener siempre que confrontar con los medios independientes de comunicación, a los que acusan de todos los males existentes.

Lamentablemente, las ocho agencias estatales – la paraguaya IP, la mexicana Notimex, la argentina Telam, la venezolana AVN, la cubana Prensa Latina, la ecuatoriana Andes, la brasileña Agencia Brasil y la boliviana ABI – deben considerarse agencias de propaganda ya que no hacen un periodismo independiente sino dirigido a mostrar solo aspectos positivos de los gobiernos. Algunas de ellas, incluso, discriminan a los medios de comunicación independientes ya que están encargadas de distribuir publicidad oficial.

En América Latina, la historia de las agencias de noticias estatales es patética. Están alejadas completamente de la figura del periodismo público, es decir la de cumplir con su papel de pluralidad, diversidad y objetividad informativa. Los gobiernos han hecho de estas agencias espacios de propaganda política y, lo que es peor, usando dineros públicos que deberían administrar con eficiencia y no utilizarlos para beneficios partidarios, personales o gubernamentales. Difícilmente se puede encontrar en estas agencias espacios de crítica y fiscalización hacia los gobiernos, así como tampoco en todos los medios que las autoridades de estos países han creado y comprado con recursos de los ciudadanos.

Hubiera sido positivo que las agencias de noticias proclamaran que su Unión tuviera objetivos profesionales, como por ejemplo intercambio de información, de periodistas, entrenamiento o cómo hacerlas de mayor relevancia y de servicio para el público y cómo independizarse de las líneas oficiales que trazan los gobiernos.

Sin embargo, han optado por el trillado enfoque de criticar a los medios y optar por hacer más propaganda, incluso siendo tan cínicas que cambian de “políticas informativas” de acuerdo a lo que dicte el nuevo gobierno. Todavía no se ha visto a ningún gobierno de la región, ni tampoco en ley o constitución alguna, que se establezca que las agencias de noticias deben ser estatales, no gubernamentales.

Lo más irónico de todo este nuevo proceso de la nueva Unión, es que se habla de información democrática, cuando en su seno se ha incluido a la agencia cubana Prensa Latina, un aspecto que en esa agencia y en Cuba se desprecia. La inclusión de los manidos objetivos de confrontación y de Prensa Latina le quita jerarquía a esta nueva asociación.

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