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El liberalismo progresista versus el fascismo de mercado de José Piñera
15 de junio de 2010
 

Por Gabriel C. Salvia (*)

Como es sabido, lamentablemente los liberales de la región han estado más con las dictaduras que con las democracias y, en ese sentido, las recientes declaraciones de José “Pepe” Piñera, ex Ministro del dictador chileno Augusto Pinochet, demuestran la falta de renovación política de los sectores de la derecha en América Latina.

Es que así como un sector de la izquierda reivindica a la dictadura cubana, pues para ellos los supuestos logros sociales de la revolución justifican la violación de los derechos humanos; también existe en la derecha su espejo antidemocrático que aún sostiene que Pinochet lideró una “revolución liberal en lo político, económico y social”.

Y si bien la democracia representativa como forma de organización política es un triunfo del liberalismo, la prioridad que algunos le han asignado a las reformas económicas los ha llevado a que el fin justifique los medios. Por eso, muchos liberales no actuaron como tales, apoyando o complaciendo regímenes antidemocráticos en los cuales se violaron las libertades fundamentales y las garantías que hacen al estado de derecho; e inclusive reincidieron años más tarde cuando brindaron su respaldo a presidentes populistas como Carlos Menem que implementaron políticas económicas viciadas por hechos de corrupción y, por ende, incompatibles con la economía de mercado. Y más recientemente, justificaron incluso el golpe en Honduras, como si la respuesta liberal a la erosión del estado de derecho que venía produciendo el ex presidente Zelaya fuera, contradictoriamente, violando el estado de derecho.

Es cierto que hablar de liberalismo democrático suena redundante, pero por expresiones como las de José Piñera a veces es necesario utilizar esos términos para oponerlo al fascismo de mercado. Es que referentes como el ex funcionario de Pinochet, son los que piensan que la libertad económica traerá las demandas de libertades civiles y políticas a China, dejando en claro cuáles son sus prioridades y el hecho de que en cuarenta años de apertura miles de vidas se han perdido por las tremendas violaciones a los derechos humanos que se producen bajo la dictadura fascista en el gigante asiático.

Por eso resulta más apropiado hablar de liberalismo progresista para ubicar allí a los partidarios de las democracias de mercado comprometidas internacionalmente con los derechos humanos y así diferenciarse claramente de los fascistas de mercado y sus líricos socios libertarios.

El liberalismo progresista tiene como característica la defensa prioritaria de la democracia representativa y los derechos humanos, la vigencia del estado de derecho, y la gradualidad y los consensos en la implementación de reformas económicas que favorezcan al desarrollo. Y a diferencia de la vieja y costosa relación del liberalismo con los sectores autoritarios de la derecha, la expresión liberal progresista se ubica en el centro político y está más identificada con los modernos socialdemócratas. 

En la práctica, pueden definirse a varios líderes latinoamericanos como liberal progresistas, fundamentalmente a Ricardo Lagos, ex presidente de Chile, Fernando H. Cardoso, ex presidente del Brasil, y Oscar Arias, ex presidente de Costa Rica. Y a la luz de sus políticas y discursos, podrían sumarse a este espacio Alan García, presidente del Perú, y José Mujica, presidente del Uruguay.

(*) Presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

Fuente: Perfil.com (Buenos Aires, Argentina)