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La edición número 4 de Identidades
Omer Freixa
12 de febrero de 2015
Redactada en vísperas del inicio del Decenio del Mundial de los Afrodescendientes, la escritura del presente número de Identidades es en sí un acto político (como las anteriores) y una emanación de la sociedad civil cubana, representa la intención de un colectivo que reclama el derecho a la democracia que merece todo pueblo sobre la faz del planeta.
 

Son muchas las voces que piden a gritos desde hace años democracia en Cuba. Incluso se ha dado un relevo generacional, cuando no en la cúpula dirigente cubana que maneja la isla a su antojo desde hace más de medio siglo.

El número 4 de la Revista Identidades es fiel reflejo de aquella circunstancia oprobiosa pero que de a poco comienza a brindar un destello de esperanza. Asimismo, también es testigo de una notoria transformación (o al menos así se espera sea) debido al inesperado vuelco de la diplomacia cubana en el acercamiento a su par norteamericano y la reanudación de relaciones diplomáticas tras 53 años de ruptura. Solo el tiempo dirá si es un cambio auténtico y promete una apertura absoluta del régimen cubano. Mientras tanto, la sociedad civil cubana, mucho tiempo postergada y acallada, se expresa, sumando voces de otros rincones de América en esta nueva edición: desde Perú (“Orgullosamente afrodescendientes: Una nueva generación de jóvenes afrodescendientes en Perú”, del grupo Ashanti Perú), Brasil (“Las mujeres y la Copa Mundial en Brasil en 2014” (II), de la profesora brasileña Rosivalda dos Santos Barreto) y Argentina (“«Mejor no hablar de ciertas cosas»: La negritud en Argentina”, del historiador argentino Omer Freixa) con la idea de que no sólo los cubanos son los únicos que lidian y deben superar desigualdades, discriminación e injusticia. Como dijera el excelso José Martí: “Buscamos la solidaridad no como un fin sino como un medio encaminado a lograr que nuestra América cumpla su misión universal”.

Redactada en vísperas del inicio del Decenio del Mundial de los Afrodescendientes, la escritura del presente número de Identidades es en sí un acto político (como las anteriores) y una emanación de la sociedad civil cubana, representa la intención de un colectivo que reclama el derecho a la democracia que merece todo pueblo sobre la faz del planeta, en base a la denuncia de la cual da muestras la aguda crítica social realizada por el político Manuel Cuesta Morúa en sus artículos “La normalización de la brecha” y “Economía étnica: una versión abreviada”, en base a una reflexión sobre los pisotones a los derechos de los afrocubanos y el silencio del gobierno sobre la materia. El vicepresidente del Partido Arco Progresista, Leonardo Calvo Cárdenas, en “En el camino de la igualdad y la justicia”, agrega más elementos para pensar en la difícil situación del colectivo negro en Cuba.

El número pasa revista al proyecto de Articulación Regional Afrodescendiente para las Américas y el Caribe (ARAAC) y a la realización del IV Foro “Raza y Cubanidad. Cuba, pasado, presente y futuro” (comentado por el periodista Rogelio Montesinos en la edición). Sobre el primero, si bien radican fuertes críticas, se debe remarcar que a pesar de faltar mucho, ha promovido una labor incesante, por ejemplo, como para generar la realización de la Primera Cumbre Mundial de Afrodescendientes. Como sea, lo más importante es que ARAAC, con escasos dos años de vida, funciona como un espacio de catarsis si bien las críticas emanan de la falta de diseño adecuado, algo que se podrá ir revisando conforme pase el tiempo puesto que es una idea bastante nueva, pero debiera prometer como herramienta en pos de avanzar y garantizar la democracia.

Avanzando en la edición, la misma sirve para hacerse una buena idea de la marginación que sufren los afrodescendientes y, en general, muchos cubanos, si se lee el artículo del escritor y periodista José Hugo Fernández sobre la migración oriental, problema con un único responsable: el gobierno revolucionario, en una estrategia premeditada de regionalismo que supera una explicación simplista de viejos odios geográficos. También Santiago de Cuba presenta un trasfondo problemático de pobreza, con una población que supera el 80% de afrodescendientes, como expone el escritor y periodista Jorge

Amado Robert Vera. Fernando Palacio Mogár, presidente del Partido Liberal Nacional Cubano, añade que los afrodescendientes tienen “Un largo camino por recorrer” (así intitula su escrito) para superar los prejuicios raciales frente a una élite que distorsiona la visión, sumado a que los discapacitados son otro colectivo que, según el profesor Moisés Rodríguez, no lo pasan nada bien en Cuba puesto que frecuentemente son ignorados por la seguridad social, según desarrolla en “Luces y sombras de la atención a discapacitados en Cuba”. La mujer, y especialmente la afrodescendiente, tiene el reto doble de luchar contra todo tipo de discriminación y maltrato, como lo impulsa la Plataforma Femenina Nuevo País, de la activista Eroisis González Suares, quien lo relata en “Afrocubanas, justicia e igualdad”. En similar sintonía dos Santos Barreto analiza la situación que le deparó el Mundial Brasil 2014 a las mujeres anfitrionas, y en particular a las principales víctimas, las afrobrasileñas, desde el flagelo de la prostitución y el turismo sexual, asociándose con los estereotipos clásicos ligados al país “carioca”, uno de ellos las mujeres. El problema es similar al cubano, la pobreza y la miseria generan, entre otros males, prostitución que afecta a varias franjas etarias y condiciones.

Cerrando la primera parte, Freixa analiza la delicada situación del colectivo afrodescendiente en la Argentina donde, al igual que en Perú, es invisibilizado, como señala para el país andino la Red Peruana de Jóvenes Afrodescendientes, artículo en el que presenta sus líneas de acción en el empoderamiento, no sólo un reto cubano.

Proselitismo y libertades cívicas. El artículo “Pittsburgh va a Cuba”, del profesor norteamericano Robert Cavalier, insta a la ciudadanía a participar en los debates por la construcción de un nuevo consenso en base a foros para lograr madurar la sociedad civil cubana. “Consenso Constitucional en las comunidades: El Foro Económico arranca”, de la activista Marthadela Tamayo González, resume la labor conducente a igual propósito y que la ciudadanía recupere el derecho a debatir.

El número de Identidades no olvida el perfil cultural ya que incluye varios artículos. En “La maltratada alternatividad en Cuba” la escritora Verónica Vega se sensibiliza por la censura y rastrea la historia del movimiento cultural alternativo, excluido de los medios oficiales, y la promotora cultural Miriam Real se adentra en el universo hiphopero desde su “Viviendo el hip hop cubano”, denunciando que todos los artistas han caído, en algún grado, bajo la censura oficial que no permite el normal desarrollo de lo que la autora entiende como “la voz del pueblo”. “Reflejos sobre el rap y Hip Hop cubano”, de la profesora Shawn Alfonso Wells, explora los ambientes en donde se le da lugar a dicha voz, su público y los creadores, con predominio afrodescendiente, y de la estética afro, muy visible en los cultores del género. Cierra la sección el detallado artículo del artista plástico y crítico de arte José Gascón Martínez, “El que no tiene de congo tiene de carabalí: La temática negra y el negro como imagen de una raza en el discurso de identidad del arte cubano”, en el que el autor explica que la imagen del negro ha sido manipulada con diversos fines desde antaño para redundar, hoy como ayer, en la marginación tanto estética como social del negro cubano.

La siguiente sección la constituye el repaso del evento Afroaméricas II que trató el tema de la raza, con tres artículos que permiten quitar el velo que cubre la “verdadera Cuba”, expresión utilizada allí y que condensa buena parte de su contenido. El valor de la memoria compone dos artículos “La callada molienda (II)”, autoría del historiador y cineasta Boris González Arenas, en el que revisa los avatares del cultivo y el hecho de ser denominado “campesino” en Cuba tras el fracaso agrícola de la Revolución; y “Capítulo cubano de la leyenda negra española”, del escritor, novelista y periodista Roberto Castell, en el cual formula que el castrismo adaptó a sus propósitos la Leyenda Negra contra España, una propaganda británica construida hace unos cuatro siglos.

Finalmente, el colombiano Mitchel Ovalle analiza, en “Colombia y Cuba en el escenario de la «Paz Tropical»”, las, en líneas generales, buenas relaciones bilaterales en un contexto novedoso de acercamiento La Habana-Washington, la no injerencia en asuntos internos pero el controvertido llamado del presidente colombiano Santos a no ser indiferentes frente a un proceso de cambio interno en Cuba.

Los desafíos en la isla son numerosos y, como sostiene uno de los participantes de la presente edición, Cuba “sufre, lucha y espera”. Sin embargo, sabemos que al final del túnel se encuentra la luz, siempre. Es hora de que Cuba comience a curar sus traumas, estos últimos definidos por el psicoanálisis como de origen externo, muchos de los cuales se remontan a 1959. Se espera que con la lectura de la presente edición quede patente la idea de que hay un buen número de personas dispuesto a resolver traumas y cerrar heridas, y no solo las cubanas.