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Praga 1968, mi primera (y tardía) decepción
Reinaldo Escobar
27 de agosto de 2018
(14ymedio) Con 21 años recién cumplidos este tonto esperaba una enérgica condena a la incalificable invasión. Pero el Comandante en Jefe tenía su propia forma de ver el asunto. La imagen de la plaza de Wenceslao ocupada por tanques soviéticos y la banda sonora con las notas iniciales de la Tocata y fuga en re menor de Johann Sebastian Bach, se quedaron para siempre en mi memoria, no como el testimonio de la tragedia de Praga sino como la referencia a mi primer desencanto.
 

(14ymedio) En la portada del diario Juventud Rebelde aquel martes 20 de agosto de 1968 un inquietante titular sorprendió a todos: Invadida Checoslovaquia. En el sumario se agregaba que tropas del Pacto de Varsovia eran los ejecutores de la acción.

El miércoles 21 un grupo de estudiantes de la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana fuimos citados con urgencia a las oficinas de Opinión del Pueblo del Comité Central del Partido Comunista. Allí se nos dio la tarea de colaborar en una encuesta para determinar con la mayor prontitud cuál era el estado de ánimo del pueblo ante los trascendentales sucesos.

Un día después parte de los encuestadores trabajamos largas horas para computar los resultados. Nos sentíamos privilegiados de poder conocer la opinión del pueblo y sobre todo con el estímulo de saber que el Comandante en Jefe estaba esperando los resultados antes de pronunciarse públicamente.

Obviamente no recuerdo los números exactos, pero sí que predominaban tres respuestas. En primer lugar, el mayoritario rechazo a la invasión, defendido con el argumento de que “la no intervención en los asuntos internos de un país” era algo sagrado y que aceptar lo ocurrido en Checoslovaquia sería legitimar el derecho de los Estados Unidos a invadir Cuba.

La segunda respuesta más expresada fue: “Yo le digo mi opinión después de que escuche la del Comandante”. Y la tercera, francamente minoritaria, se limitaba a exponer que “si los rusos estaban detrás de eso habrán tenido sus motivos”. El resto lo completaban aquellos que ni siquiera se habían enterado o los prudentes de siempre que optaban por el silencio.

En la noche del viernes 23 de agosto Fidel Castro hizo una comparecencia especial ante las cámaras de la televisión nacional para dar a conocer la posición de la Revolución, o sea, la suya.

Con 21 años recién cumplidos este tonto esperaba una enérgica condena a la incalificable invasión. Seguramente ya se había estudiado nuestra encuesta.

Pero el Comandante en Jefe tenía su propia forma de ver el asunto:

“Lo esencial que se acepta o no se acepta, es si el campo socialista podía permitir o no el desarrollo de una situación política que condujera hacia el desgajamiento de un país socialista y su caída en brazos del imperialismo. Y nuestro punto de vista es que no es permisible y que el campo socialista tiene derecho a impedirlo de una forma u otra”.

Después de esa afirmación Fidel Castro se extendió en criticar las reformas económicas de la Primavera de Praga, mencionando los detalles del autofinanciamiento y los estímulos materiales a los que calificó de “reformas liberales burguesas”.

En lo que a todas luces puede considerarse una negociación política, Castro se preguntaba si acaso las tropas que habían invadido Checoslovaquia serían enviadas a Vietnam o a Corea del Norte para defender esos países del imperialismo y concluía preguntando: “¿Se enviarán las divisiones del Pacto de Varsovia a Cuba si los imperialistas yanquis atacan a nuestro país, o incluso ante la amenaza de ataque (…), si nuestro país lo solicita?”

Con el aplauso a la invasión de un país hermano, Fidel Castro intentaba comprar un respaldo militar a sus desafueros en la Isla, siempre y cuando él lo solicitara.

Ese mismo año 1968 desató la guerra al burocratismo en su Isla, impuso la Ofensiva Revolucionaria, inició el Cordón de La Habana y la locura de los 10 millones de toneladas de azúcar. Ese año ocurrió el proceso de la microfracción, Cuba se negó a firmar el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, comenzó el programa de las escuelas en el campo y Castro anunció la construcción simultánea del socialismo y el comunismo.


Una semana después de aquellas ominosas declaraciones del Máximo Líder apoyando la invasión, el noticiero del ICAIC, dirigido por Santiago Álvarez, dedicó su espacio a lo ocurrido en Checoslovaquia.

La imagen de la plaza de Wenceslao ocupada por tanques soviéticos y la banda sonora con las notas iniciales de la Tocata y fuga en re menor de Johann Sebastian Bach, se quedaron para siempre en mi memoria, no como el testimonio de la tragedia de Praga sino como la referencia a mi primer desencanto.

Luego supe que aquella decepción había llegado demasiado tarde.

Fuente: 14ymedio (La Habana, Cuba)