La esclavitud del siglo XXI
Hilda Molina
14 de abril de 2009
Cual esclavos contemporáneos, los cubanos, en pleno siglo XXI, no solamente dependemos de permisos gubernamentales para salir del país y regresar a él, sino que constantemente se conculca el derecho al libre movimiento, pues los permisos se otorgan arbitrariamente, se demoran o se niegan, provocando un profundo dolor en miles de familias inocentes, las que paralizadas por el miedo, son incapaces de reclamar el respeto a sus derechos básicos.

La esclavitud del siglo XXICual esclavos contemporáneos, los cubanos, en pleno siglo XXI, no solamente dependemos de permisos gubernamentales para salir del país y regresar a él, sino que constantemente se conculca el derecho al libre movimiento, pues los permisos se otorgan arbitrariamente, se demoran o se niegan, provocando un profundo dolor en miles de familias inocentes, las que paralizadas por el miedo, son incapaces de reclamar el respeto a sus derechos básicos. Y a este atropello se adiciona otro: la obligatoriedad de pagar tales autorizaciones de viaje, a un precio elevado en moneda convertible. A pesar de estos enormes obstáculos, se calcula que aproximadamente tres millones de compatriotas han protagonizado un éxodo incontrolable e indetenible a lo largo de cinco décadas.

Unos viajan legalmente; otros escapan, se fugan, huyen de su adorada isla, generándose un desgarramiento familiar que hiere las entrañas mismas de la nación. Pero lo más trágico de estos ya de por sí dramáticos acontecimientos, es que el gobierno impidió con saña durante decenios, las relaciones entre los ausentes, y los familiares de éstos que permanecimos en Cuba; y además penalizó con largos años de cárcel, la honrada posesión de divisas remitidas a sus seres queridos por los radicados en otras latitudes. Lo verdaderamente sorprendente, lo incomprensible, lo indignante es que personalidades y organizaciones laureadas y reconocidas por su defensa de la democracia y del respeto a los derechos humanos, a las que corresponde velar por tales derechos, utilicen sus privilegiadas posiciones políticas y sociales para avalar esta quincuagenaria forma de esclavitud contemporánea.

Hilda Molina nació en Camagüey, Cuba, el 2 de mayo de 1943. Es Doctora en Medicina, graduada con el Primer Expediente de su Curso en la Universidad de la Habana. Es especialista en Neurocirugía, graduada con Excelentísimo Expediente, en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. Se especializa además en Restauración Neurológica. Investigadora Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Cumplió Misión Médica como Neurocirujana en Argelia (1980-83). En el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía ocupó los cargos de Jefa del Servicio de Neurocirugía Vascular y Sub- Directora Docente. Introdujo en Cuba, a partir de los avances logrados por la Comunidad Científica Internacional y de sus estrechos nexos con esta Comunidad, el nuevo campo de la Restauración Neurológica. Fue fundadora de las Escuela Cubana y Latinoamericana de Restauración Neurológica.

Por su iniciativa, se crea en Cuba el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN), del cual fue diseñadora, creadora, fundadora y directora, que bajo su dirección logró gran prestigio nacional e internacional. Es autora de múltiples trabajos científicos, publicados en órganos especializados nacionales e internacionales. Participó como ponente en eventos científicos, en visitas de trabajo e intercambio académico, como profesora en ciclos de conferencias y seminarios en universidades e instituciones científicas de Estados Unidos, Francia, España, Italia, Alemania, Suecia, Inglaterra, entre otros países europeos, de América Latina y el Caribe. Fue declarada Ciudadana Honorífica de Kansas City, Estados Unidos. Recibió las máximas condecoraciones que se otorgan en Cuba a los científicos y a las mujeres destacadas. Por sus méritos científicos fue elegida Diputada al Parlamento Cubano en 1993. En el año 1994, después de un largo proceso de discusión con las autoridades que la dirigían, renunció por decisión propia a todo lo que la vinculaba al régimen cubano, incluso a su condición de Diputada. Motivo de la renuncia: el gobierno se proponía convertir el Centro fundado y dirigido por ella, en una institución exclusiva para extranjeros que pagaran en dólares, con la subsecuente discriminación de los pacientes cubanos. También, como protesta, devolvió todas las condecoraciones que había recibido.

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