«La transformación en Cuba vendrá desde la élite política y no desde abajo»
Agencia Télam (Buenos Aires, Argentina)
29 de septiembre de 2017

Si bien Cuba tiene que coexistir con un presidente de Estados Unidos como Donald Trump, que es "errático" e "imprevisible", para el sociólogo e investigador cubano Haroldo Dilla Alfonso "la transformación del país vendrá, más que de esa relación o de la población, desde la élite política", y para ese proceso el sucesor de Raúl Castro deberá encontrar la forma de "capitalizar las diversas tendencias existentes".

Haroldo Dilla


"Trump es imprevisible en sus relaciones y en sus acciones. Ni siquiera se lo puede llamar pragmático. En su lógica de hombre de negocios puede favorecer a Cuba, donde hay mucho por hacer, o tirarle un bombazo si le conviene para su política interna", afirma el intelectual cubano, que emigró de la isla en 2000 y actualmente es catedrático en universidades de Chile.

La incertidumbre que detenta el mandatario estadounidense hace más complejo pensar "el eje de acercamiento económico, de reconversión geoeconómica y geoestratégica de Cuba", enfatizó el sociólogo cubano, que se define ideológicamente como socialista y visitó Argentina para participar de una actividad sobre campos políticos en Cuba organizada por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal).

"La población tiene la energía en otro lado, están pensando cómo migrar y no tienen motivaciones políticas claras", dice en respuesta a la consulta sobre las expectativas del cubano medio.

Las elecciones para la Asamblea del Poder Popular de Cuba se celebrarán el próximo 26 de noviembre. Ese cuerpo será el que elija al sucesor de Raúl Castro en la presidencia del país, a partir de febrero de 2018, y todos los pronósticos indican que el elegido será el actual vicepresidente Miguel Díaz-Canel. De ser electo será el primer líder cubano que no participó en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista.

"Pero cuidado, que Raúl Castro no se retira de la presidencia pero con sus 86 años seguirá al frente del Partido Comunista de Cuba, desde donde seguirá influyendo", advierte Dilla Alfonso.

El cambio generacional en la conducción del país, que se da más por cuestiones etarias que por decisiones políticas, ubicará en el poder a gente que ronda los 60 años, que se han formado en el poder pero no como líderes, qué ocurre con este panorama, pregunta Télam.

"Los cubanos requieren de alguien que los convoque, y lo van a hacer en algún momento, aunque en la actualidad la oposición es absolutamente ineficaz para lograrlo, ya que solo funciona como un símbolo heroico", sostiene Dilla Alfonso.

"No tiene base social, no tiene capacidad de relacionarse con la sociedad, no tiene discurso" y esto se debe en parte a "su falta de participación en la escena pública, producto de la represión en Cuba".

Para el analista, esto sucede porque "el signo de la sociedad cubana actual es la despolitización y la fragmentación, producto de un verticalismo que impide el contacto de la gente con las organizaciones y el gobierno".

"Si eres miembro de un comité de la revolución, no te relacionas con la base social, a su vez, el municipio jamás se relaciona con el que está al lado, todo se organiza en relación a lo que está arriba", agregó.

Con respecto al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba desde hace más de 50 años, Dilla Alfonso afirmó que "la sociedad es partidaria a que se acabe, porque es consciente de que hace daño, pero a mucha gente, dentro y fuera de la isla, no le conviene que se levante".

Para el sociólogo, el bloqueo "fue un factor negativo desde el punto de vista político por que polariza", afirma. "Hay gente, grupos de oposición dentro de Cuba, que viven del dinero que les llega del exilio en Miami, donde también hay gente que vive de esta situación".

"El gobierno de Estados Unidos tiene asignado un presupuesto de 20 millones de dólares para financiar a la oposición cubana, pero a la Isla llega sólo el 10 por ciento de ese dinero", precisó Dilla Alfonso.

"Decir que el bloqueo fue un fracaso es erróneo, puede serlo en un sentido, ya que no alcanzó a derrocar al gobierno cubano, pero por otro lado, inyectó a la revolución las tendencias más insanas y fue favorable para las experiencias más autoritarias y morbosas de la época posrevolucionaria", agrega.

Respecto de los proyectos que se pusieron en marcha con el gradual descongelamiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos durante la administración de Barack Obama, en esta nueva etapa de tensiones inaugurada por Trump, muchas quedaron detenidas y expectantes.

En 2013, por ejemplo, se creó en Cuba la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, ubicada en la provincia Artemisa, al oeste de La Habana, proyecto dirigido para fomentar el desarrollo económico del país, donde las empresas cuentan con exenciones fiscales e impositivas.

Esta localización cuenta con el puerto de contenedores, que según explicó el sociólogo cubano "en la actualidad es un museo" debido a que "hay pocos barcos y solo tres plantas industriales".

"La zona franca es industrial y sus empresas funcionan ensamblando una serie de partes en territorio nacional", pero el bloqueo elimina todo tipo de posibilidad de que esta zona se potencie y genere crecimiento económico y social en Cuba.

 

 

 

 
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