«La dictadura cubana ya tiene un plan de sucesión dinástica»
Infobae.com (Buenos Aires, Argentina)
29 de agosto de 2016
De visita en Argentina, invitada por el Cadal (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina), para la conmemoración del Día Internacional en Recuerdo de las Víctimas del Totalitarismo, María Werlau, presidente de Free Society Project y directora de su programa Archivo Cuba, dialogó con Infobae acerca de la incongruencia de una dirigencia latinoamericana que condena las desviaciones autoritarias del gobierno venezolano pero no dice una palabra sobre un régimen como el cubano cuya Constitución y cuyo Código Penal contradicen los más elementales principios democráticos.
Por Claudia Peiró

De visita en Argentina, invitada por el Cadal (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina), para la conmemoración del Día Internacional en Recuerdo de las Víctimas del Totalitarismo, María Werlau, presidente de Free Society Project y directora de su programa Archivo Cuba, dialogó con Infobae acerca de la incongruencia de una dirigencia latinoamericana que condena las desviaciones autoritarias del gobierno venezolano pero no dice una palabra sobre un régimen como el cubano cuya Constitución y cuyo Código Penal contradicen los más elementales principios democráticos.

— Llama la atención la caracterización que usted hace del régimen cubano, porque no es común; hay una dificultad en usar la palabra "dictadura" para referirse al gobierno de Cuba. ¿En qué funda usted su caracterización de dictadura para ese régimen?

— Si uno analiza el régimen cubano, empezando por su Constitución, un sistema de partido único, el que nunca haya sido electo el gobierno por una elección libre y transparente, que haya una sola familia en el poder desde hace 57 años, sería difícil argumentar lo contrario, que no es una dictadura. Además, si uno analiza la situación de los derechos humanos en Cuba, civiles, políticos, económicos, también va a ver una carencia fundamental de casi todos los derechos. Entonces para mí está claro que es una dictadura. Y es militar, porque si uno ve las cúpulas gobernantes de Cuba, es un sistema militar. Lo que pasa es que a partir de la apertura que hubo con el descalabro del bloque comunista soviético a principios de los 90, se quitaron los uniformes militares para presentarse al mundo, por lo menos las figuras clave, Fidel y Raúl Castro, en uniforme de civil.

— ¿Pero por qué es tan difícil para la opinión pública internacional calificar de dictadura al régimen cubano?

— Me lo pregunto todos los días. La respuesta que yo encuentro es que Cuba ha tenido casi seis décadas para dedicar una cantidad increíblemente masiva de recursos humanos y monetarios a la propaganda y a un sistema de influencia a través de su aparato de inteligencia que es uno de los mejores del mundo, a través del cual trabajan en todo el mundo, incluyendo en este país, reclutando personas, incluso de los medios periodísticos, de gobierno y demás, y así han promovido esta agenda y parte importante de ella es, número uno, que el cubano aparezca como un régimen legítimo y aceptable aunque sea claramente una dictadura; de eso no se habla. Y yo creo que eso explica la situación. Es curiosa la retórica de los políticos latinoamericanos: se puede decir que Venezuela es un sistema inaceptable, y sin embargo está claro que la dictadura venezolana o el sistema de gobierno autocrático, semiautocrático, o como quieran decir, no llega ni a los talones de la dictadura
cubana.

—Venezuela es una democracia que está derivando al autoritarismo, pero no una dictadura, evidentemente no tiene que ver con lo que pasa en Cuba.

— Si uno examina el Código Penal cubano y la Constitución nada más, sin tener que ver la situación en la calle, está claro que es una dictadura. Pero encima de eso, sí sabemos, que en Cuba muy rápidamente se creó un sistema de contrainteligencia, una policía política que vigila al ciudadano en donde reside, cuadra por cuadra, los Comités de Defensa de la Revolución, en los centros de trabajo, en las escuelas, y se sabe que tener un trabajo, entrar a una universidad, todo depende de que no haya un diversionismo ideológico. Si las personas están vigiladas, si las personas son encarceladas por crímenes tales como peligrosidad pre-delictiva, queda claro, aunque no le llamemos dictadura, el tipo de sistema que es.

— ¿Qué dice por ejemplo el Código Penal cubano que sea contrario a los principios de una democracia?

— Casi todo. Empecemos por esto: la Constitución cubana sólo garantiza los derechos a los ciudadanos si es en la construcción del socialismo y del comunismo. O sea, no hay ningún derecho que el ciudadano tenga que no sea subordinado a eso y esa es una cuestión subjetiva. El Código Penal tiene decenas de delitos contra la seguridad del Estado, habilitando el fusilamiento, la pena capital, para muchísimas de estas cosas. Tiene la aberración jurídica que llaman "peligrosidad pre-delictiva", por la cual se calcula que hay miles de personas sirviendo prisión por este supuesto delito. Es un delito para Cuba pero una aberración para cualquier otro país. Si la persona da la impresión, si las autoridades determinan que esta persona tiene una propensión a atentar contra la moralidad socialista o contra el orden , se le mete en prisión. Eso está en el Código Penal cubano. Entre otras cosas, hay artículos que prohíben la salida y la entrada al país de los ciudadanos sin
autorización del gobierno, en amplia violación de principios fundamentales del derecho incorporados en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

— ¿Cree que el restablecimiento de relaciones con los Estados Unidos y la apertura económica que eso traería, más apertura en realidad porque ya existe un vínculo comercial, pueden llegar a incidir en el régimen, para una apertura política?

— No lo creo. Me gustaría pensar que , pero nada indica eso, por varias razones; primero Cuba ha estado abierta al mundo, es decir, a la inversión en turismo de países capitalistas occidentales desde el año 93 oficialmente, si no antes. Con la caída del subsidio soviético, Cuba se vio forzada a abrir al capitalismo a ciertos sectores; aunque son enclaves y en sociedad con el gobierno. Hay más de 20 años de experiencia: las empresas que han entrado a Cuba, incluyendo las de este país, no han exigido condiciones de empoderamiento a los ciudadanos, empezando con cosas tan básicas como contratar a sus empleados directamente sin tener que hacerlo en una entidad del Estado y pagándole al Estado que confisca el 95 por ciento del salario.

— ¿Es decir que, por ejemplo, un empresario español que abre un hotel en Cuba no puede contratar directamente el personal?

— No, ningún empresario ni diplomático. Todas las misiones diplomáticas, todo extranjero que haga negocio en Cuba tiene que contratar empresas del Estado cubano que le dicen usted debe escoger entre estas personas, que por supuesto son seleccionadas. Y hay un Código Laboral especial para trabajadores que están en el sector externo. Así es Cuba. Y afuera no entienden eso.

— Es increíble.

— Y los externos no entienden esto. Muchos culpan al embargo de los Estados Unidos, pero desde el año 2000, Estados Unidos ha hecho muchas excepciones a las sanciones económicas y le puede vender productos agrícolas a Cuba. Y también la Argentina puede venderle productos agrícolas, Francia, Italia, etcétera. Sin embargo, desde Cuba, hay una sola empresa que compra productos, maquinarias, etcétera, que se llama Alimport. Ningún cubano puede comprar a ningún argentino o estadounidense.

— O sea, desde el punto de vista de la iniciativa individual económica hasta ahora se ha avanzado muy poco ahora…

— En años recientes, porque el Estado estaba tan mal económicamente, quiso dejar parte de la fuerza laboral dentro de este nuevo sector que algunos llaman privado pero en realidad es un sector, digamos, no atado al Estado, no directamente por lo menos, que es el auto empleo, porque en Cuba no existe la propiedad privada y tampoco se le permite a cualquiera que tenga un negocio propio, que tenga propiedad jurídica. Pero se aprobaron aproximadamente 200 categorías de oficios que pueden ser practicados independientemente, peluquero, ese tipo de cosas, como ha dicho un colega, oficios casi medievales. Pero además se permite tener un restaurante dentro de la casa…

— Sí, los "comedores".

— Ciertos negocios. Los bicitaxis, taxis privados, pero es un sector fuertemente regulado, hay que tener licencia. Muchos crecieron por un tiempo y muchos han cerrado, han llegado a su tope, porque no hay posibilidades de crear capital como en cualquier país capitalista. Ahora mismo por ejemplo hay un problema muy grande con los taxistas, que les llaman boteros, bicitaxis, porque el gobierno quiere imponer un control de precios que significa que cobrarían menos de lo que les cuesta dar el servicio.

— Usted se dedica a llevar la cuenta o el registro de las violaciones a los derechos humanos en Cuba. ¿Qué es lo más grave que está pasando hoy en Cuba en esa materia?

— El proyecto Archivo Cuba que yo dirijo se dedica a documentar muertes y desapariciones. Ojalá pudiéramos decir "llevar la cuenta", porque es una cuenta tan parcial… Pero es concienzuda, sistemática, es un proyecto que pueden ver en internet, se llama archivocuba.org. Hay una base de datos donde están las personas que hemos documentado que han sido muertas o desaparecidas.

— ¿Desde el 59?

— No, desde el año 52, con la dictadura de Batista, son dos dictaduras hasta el día de hoy. Y de todo tipo de víctimas del espectro político ideológico. La idea es crear una cultura de la vida y tener en claro cuánto ha costado en vidas este proceso. Entonces cuáles son las violaciones peores, cómo empiezo. Le puedo decir cosas que a mí me impactan muchísimo. El régimen cubano, en ejecuciones extra judiciales, ha asesinado a niños, a muchísimos menores de edad porque con sus padres han querido abandonar el país en una embarcación, en una balsa, y los han matado. Yo encuentro insólito que se le tolere eso a un gobierno en una región de países civilizados.

—¿Se sabe cuántos presos políticos hay actualmente?

— Depende de lo que uno considere presos políticos. Presos de conciencia hay pocos, varias decenas. Por lo general son opositores o defensores de derechos humanos menos conocidos, de las provincias. Ya no dan sentencias muy largas sino que por lo general detienen por períodos cortos, sueltan, vuelven a coger, pero muchísimas veces. Hay presos que son políticos porque están cumpliendo pena por querer irse del país y quizás robaron una embarcación. Y está toda esa otra categoría de presos que tienen causas comunes, como la peligrosidad pre-delictiva que en mi opinión automáticamente debería ser considerado un presidio político. Además hay muchísimas personas sirviendo prisión por supuestos crímenes económicos que no son crímenes en ningún otro país. Como por ejemplo el sacrificio de ganado sin autorización oficial; hay miles de personas sirviendo por esto, porque en Cuba no hay carne. Y si uno mata a una vaca, si un campesino tiene una vaca que es de su
propiedad…

— No la puede matar.

— No sin permiso del gobierno. Y eso le supone a la persona 20 años de presidio, que es más que matar a un ser humano.

— ¿Puede llegar a haber una reacción más masiva del ciudadano cubano? No se ve en Cuba una oposición estructurada; es muy marginal.

— Es muy difícil, aunque el bloque soviético comunista se cayó fortuitamente, nadie hubiera pensado que iba a pasar. Podría pasar. Es muy difícil en un Estado policial donde todo el mundo es vigilado. Existen en Cuba levantamientos de personas que protestan pero son aplastados muy rápidamente porque hay tropas especiales, como las brigadas de acción rápida personas vestidas de civil, que están para agredir. Podría pasar, pero no creo que el cambio en Cuba realmente pudiera venir de abajo para arriba. Creo que tiene que haber un quiebre desde arriba, que haya un vacío de poder, y eso lleve a que la gente se manifieste, como en Alemania, y ello cause más inestabilidad…

— ¿Puede producirse ese vacío de poder con la desaparición física de los dos Castro?

— Podría ser. Ellos ya tienen la sucesión muy bien montada y adelantada en manos de los tres hijos de Raúl Castro.

— O sea, es dinástico el problema.

— Totalmente. Y yo creo que lo vamos a ver, le van a hacer un maquillaje al sistema, ya se está preparando, abrir un poco las elecciones a ciertos candidatos independientes, algunos de los cuales son agentes del mismo gobierno preparados para esto, otros tal vez serán candidatos –los menos- sin ningún poder. Pero está pactado ya; Alejandro Castro Espín, el hijo de Raúl, ya tiene bajo su cargo el aparato de seguridad. El yerno de Raúl, esposo de Débora, la hija mayor, Luis Alberto Rodríguez López Callejas, está al mando ya hace años de GAESA, que es el conglomerado militar de empresas; son cientos de empresas que controlan la economía, con las cuales hay que asociarse si uno quiere invertir en Cuba. Y Mariela Castro, a quien ellos han pasado años limpiando la imagen, presentándola como una defensora de los derechos LGBT, es diputada de la Asamblea del Poder Popular y seguramente va a tener un cargo importante. O sea, tienen un plan de sucesión dinástica pero con
una cara ligeramente distinta. Y por supuesto sin uniforme militar.

 

 

 

 
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