«No me han llegado cartas que mi esposo me envió en julio»
María Fiorella Palmucci y Flavia Vecellio Reane
28 de septiembre de 2004

Julio César GálvezBeatriz del Carmen Pedroso es la esposa de Julio César Gálvez, periodista disidente detenido en marzo último por el régimen de Fidel Castro, y condenado a 15 años de prisión por ejercer el derecho de libre pensamiento y expresión.
Beatriz no sabe cuál es la razón por la que no la llevaron a ella también a la cárcel, pero, a pesar del temor, sigue con su actividad independiente en la prensa y como vocero de su esposo que cumple condena.
En un entrevista telefónica realizada el 16 de diciembre de 2003, desde la sede de CADAL, la fotógrafa, ex alfarera y actual periodista libre cubana nos informó sobre las últimas novedades respecto de Julio César y, por consiguiente, de la realidad carcelaria de Cuba.
Muy agradecida por el interés que despierta el caso de las detenciones ordenadas por la dictadura castrista, nos dijo primeramente que está aguardando las cartas que Julio le había enviado, según le informó la última vez que pudo verlo durante el pasado mes de noviembre. "Las demoras son de meses, no me han llegado cartas que mi esposo me envió en el mes de julio", señaló Beatriz.
Otro aspecto de la detención de Gálvez es el que trae aparejado su estado de salud: "Actualmente está sufriendo de hipertensión y de artrosis cervical, y a eso se suma que su visión se ve debilitada a causa de la iluminación que tienen en las celdas". Frente a este tema en particular le preguntamos por el caso de Lexter Téllez Castro, que está muy grave en lo que respecta a su vista, y nos dijo que ella estaba al tanto del caso, pero que no tuvo oportunidad de conocerlo en persona, lamentándose de su situación, sobre todo por la juventud del detenido.
Al consultarle por las condiciones del tratamiento médico que Julio debe recibir por sus males físicos respondió: "Es realmente muy irregular. Luego de las quejas que se presentan por cada caso, mejoran en algo las atenciones, pero el problema es que hay escaso personal para ello en las cárceles, y como cada vez que hay que llevarlos frente a los médicos eso demanda toda una tarea por parte del personal carcelario de custodia, es muy irregular la atención".
Beatriz puede ver a Julio cada tres meses. Y su próximo encuentro será el dos de febrero de 2004. Como estamos en un mes muy sensible por las festividades religiosas y por el final de este año (tan duro para la prensa independiente cubana) ella solicitó una visita especial, a través de la siguiente carta:

"Ciudad de La Habana, 3 de Diciembre del 2003.

Me dirijo a ustedes en vísperas de la Navidad que se acerca, le sea concedida una visita especial a Julio Cesar Gálvez Rodríguez condenado a 15 años de prisión en la Cárcel Provincial de Villa Clara y quien no tiene programada la misma hasta el 20 de febrero del año 2004. Los motivos de mi pedido son netamente familiares y humanos ya que para nosotros, los cristianos, la Navidad, es un acontecimiento importante en nuestras vidas por la necesidad que implica bendecir la unión familiar. Hago este pedido extensivo para aquellos presos que se encuentran en la misma situación que mi esposo, sin la intención de que esto sea tomado como una irrespetuosidad de mi parte hacia el gobierno cubano. En espera de su atención.

Beatriz del Carmen Pedroso. Francos No. 10, apto. 53, 4to. Piso, Entre Salvador Allende y Estrella, Centro Habana. Telef. 8 784348".

No es de extrañar el resultado que obtuvo: fue denegado el permiso solicitado.
Ya preguntándole por su actividad propia, supimos que sigue al frente de la biblioteca pública e independiente Jesús Díaz, muy feliz con ello porque: "Sigo prestando libros, y me prestan también a mí. Además puedo llevarle a Julio material para que pueda leer en prisión y así aliviar un poco su pena. Es muy importante para él esto, como modo de combatir el estrés".
Por correo electrónico, Beatriz recibe de parte de amigos del exterior las famosas cadenas con moralejas que para los del mundo libre son tan comunes y hasta carentes de importancia. Pero para una cubana que tiene la suerte de acceder a internet por medio de la embajada norteamericana, esto es algo digno de agradecer: "Yo recibo todo lo que me envían, y lo copio y se lo llevo a Julio a la cárcel. Allí él lo lee y le hace muy bien, porque son historias las que mandan, muy humanitarias. No sólo lo lee él, sino que sus compañeros de prisión y también los carceleros... A todos les gustan mucho... ¡Muchas gracias por enviarlas!"... ¡Paradojas de un régimen totalitario!
También acotó que gracias a la Oficina de Prensa y Cultura de la Embajada de Estados Unidos de América, puede seguir teniendo acceso a internet, y con ello continuar comunicándose con amigos del exterior (entre los que nos honra contarnos), mandar información sobre su esposo y demás detenidos, sobre la realidad que no se ve en las páginas del Granma y, además, (y esto la pone muy contenta) conseguir más fácilmente libros para su biblioteca.  Asimismo, aprovecha para poder comunicarse con su hija, que está en Estados Unidos.
Le preguntamos si luego de los episodios de marzo la Embajada Norteamericana seguía tan accesible para los disidentes. Nos respondió que: "Al otro día que detuvieron a Julio, yo tenía turno para ir a internet. Tuve que ir, pero las piernas me temblaban de miedo... Nadie sabía qué podía pasarnos a los que nuevamente fuéramos allí. En realidad nosotros fuimos los que dejamos de ir tan seguido, por miedo. Pero la Embajada siempre estuvo, y sigue, con las puertas abiertas para nosotros".
Por último, le preguntamos cómo iba su actividad como fotógrafa, luego de que le retuvieran la cámara cuando registraron su casa el día que se llevaron a Julio: "¡Nada! ¡Ya no puedo sacar más fotografías! Los primeros días miraba con mis ojos como a través del lente de la cámara, como para no perder la técnica y como modo de sustraerme a la realidad de la ausencia de Julio César. Es que la fotografía vino a mi vida para cubrir el espacio que dejó la alfarería, otra actividad que ya no puedo hacer...".
Como es habitual para los que podemos hablar con familiares de detenidos en Cuba, nos despedimos con fuertes muestras de agradecimiento de parte de Beatriz, y deseos de que pronto nos volvamos a comunicar, pero sabiendo que no están solos en la lucha. Que la causa "Cuba Libre" no es sólo de los libre pensadores cubanos, sino que es la causa de todo aquél que no pueda concebir la vida sin libertad.

María Fiorella Palmucci y Flavia Vecellio Reane son periodistas y docentes en Comunicación.

 

 

 

 
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