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«Kaputt»: los sueños de un Instituto Goethe en La Habana
Yoani Sánchez
@yoanisanchez
8 de septiembre de 2016
(14ymedio) Todo lugar que no esté bajo las estrictas normas de la ideología, ofrezca bibliografía ajena a los filtrados planes editoriales de la Isla o promueva ver más allá de la frontera de ceguera política y mar que nos rodean, debe provocar ronchas en la Plaza de la Revolución.

(14ymedio) La palabra me arrancó una sonrisa. Kaffeeweisser leí en los diminutos sobres cercanos a la máquina de café de un hotel berlinés y que prometían "blanquear" aquella oscura bebida que me aliviaría del jet lag. Había olvidado cuán directa y poderosa puede ser la lengua alemana. Por años, junto a la comunidad germanófila cubana, he aguardado la inauguración de un Instituto Goethe en la Isla, pero la pasada semana un reporte de la Deutsche Welle lanzó un cubo de agua fría sobre nuestras aspiraciones.

La apertura del añorado centro para asomarse a la cultura alemana parecía solo cuestión de tiempo. El ministro de Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, realizó en julio del pasado año el primer viaje oficial de un canciller germano a nuestro país desde la caída del muro de Berlín. En mayo de este año le seguiría una visita del ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, a la capital de los osos y las salchichas.

Como en un baile diplomático, asistíamos impacientes a un paso aquí, el otro allá y a los pródigos apretones de mano para la foto. Mientras, contábamos los días para que la patria de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Herta Müeller y Günter Grass se instalara en La Habana en un centro a la altura y la calidad de la Alianza Francesa.

Nunca he encontrado una palabra que signifique mejor la quebradura de algo, como es el término alemán kaputt. A esa, mi lengua de los sueños y las nostalgias, le debo la fuerza del mazazo verbal que el español esconde en sinuosidades y compromisos. Justo ese chasquido que significa "roto", pero de frustración, resonó en mi cabeza este sábado cuando leí las declaraciones del presidente de la subcomisión de política exterior en materia cultural, Bernd Fabius, sobre las posibles causas de la posposición sine die de la instalación del Instituto Goethe entre nosotros.

"Cuba teme que con el Instituto Goethe, que promueve el idioma y la cultura germana en el mundo, Alemania fomente la contrarrevolución", señaló Fabius y apuntó que la negativa "muestra cuán frágiles se perciben a sí mismos los sistemas de tales Estados".

La palabra me arrancó una sonrisa. Kaffeeweisser leí en los diminutos sobres cercanos a la máquina de café de un hotel berlinés y que prometían "blanquear" aquella oscura bebida que me aliviaría del jet lag. Había olvidado cuán directa y poderosa puede ser la lengua alemana. Por años, junto a la comunidad germanófila cubana, he aguardado la inauguración de un Instituto Goethe en la Isla, pero la pasada semana un reporte de la Deutsche Welle lanzó un cubo de agua fría sobre nuestras aspiraciones.

La apertura del añorado centro para asomarse a la cultura alemana parecía solo cuestión de tiempo. El ministro de Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, realizó en julio del pasado año el primer viaje oficial de un canciller germano a nuestro país desde la caída del muro de Berlín. En mayo de este año le seguiría una visita del ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, a la capital de los osos y las salchichas.

Como en un baile diplomático, asistíamos impacientes a un paso aquí, el otro allá y a los pródigos apretones de mano para la foto. Mientras, contábamos los días para que la patria de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Herta Müeller y Günter Grass se instalara en La Habana en un centro a la altura y la calidad de la Alianza Francesa.

Nunca he encontrado una palabra que signifique mejor la quebradura de algo, como es el término alemán kaputt. A esa, mi lengua de los sueños y las nostalgias, le debo la fuerza del mazazo verbal que el español esconde en sinuosidades y compromisos. Justo ese chasquido que significa "roto", pero de frustración, resonó en mi cabeza este sábado cuando leí las declaraciones del presidente de la subcomisión de política exterior en materia cultural, Bernd Fabius, sobre las posibles causas de la posposición sine die de la instalación del Instituto Goethe entre nosotros.

"Cuba teme que con el Instituto Goethe, que promueve el idioma y la cultura germana en el mundo, Alemania fomente la contrarrevolución", señaló Fabius y apuntó que la negativa "muestra cuán frágiles se perciben a sí mismos los sistemas de tales Estados".

Fuente: 14ymedio (La Habana, Cuba)

 

 

 

 
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