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La indecencia de Fidel Castro
Hugo Machín Fajardo
31 de marzo de 2016
El «socialismo del siglo XXI» de una fragilidad incapaz de soportar la baja en el precio del crudo. No es un presente nada apetecido por Fidel. Y el futuro de libertad, lo que anhelan millones de jóvenes cubanos hartos de la demagogia castrista, tampoco es halagüeño.
 

El discurso del presidente estadounidense Barak Obama, pronunciado el 22 de marzo en La Habana, llevó a Fidel Castro a escribir un texto indecente destacado, para variar, por la prensa cubana. 

La longitud de las intervenciones del ex dictador cubano, práctica ancestral de seguir hablándose encima, hace imposible glosar completamente el texto titulado “el hermano Obama, del 28 de marzo. 

Dejemos de lado lo consabido, tratándose de la acostumbra retórica de Castro, e intentemos desenmarañar parte de sus afirmaciones. 

“No necesitamos que el imperio nos regale nada”.  

Nadie le regaló nunca nada a Cuba. En todo caso, siempre hubo y habrá negocios entre regímenes. Antes, con la ex URSS, hoy con China, Venezuela, Corea del Norte; mañana, a plenitud, con EEUU. Pero nunca regalos. 

“Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta”. 

Excepción hecha de cuando Castro le declaró la aguerra a Latinoamérica en 1964, en venganza por la injusta expulsión de Cuba de la OEA, una medida fruto de la Guerra Fría. Entonces Fidel impulsó la guerrilla en casi todos los países del continente.  

A partir de la existencia de añejas tiranías del Caribe donde organizaciones populares enfrentaron a dictadores sanguinarios, Castro, en su obsesión revanchista, trasladó la guerrilla armada a países democráticos.  

Súmense los 9.000 desaparecidos en Argentina - según la Conadep del “Nunca más”- a los brasileños, chilenos, uruguayos y venezolanos asesinados, se llega a una cifra escalofriante de jóvenes vidas desperdiciadas. 

¿Qué hubo un “Plan Cóndor” ejecutor de esas muertes? Está comprobado y bien lo sabe quien esto escribe. Esa responsabilidad les cabe a quienes estaban entonces en la Casa Blanca y a los dictadores latinoamericanos de los sesenta y setenta. Pero que la insania de crear “dos, tres, muchos Vietnam” en Latinoamérica, teledirigidos desde la Habana, contribuyó a propiciar ese baño de sangre, hoy está ampliamente documentado. Logística y entrenamiento los proporcionaba Cuba; las víctimas, las sociedades latinoamericanas. Todo para satisfacer el capricho revolucionario de Castro. Que además apoyó a la dictadura de Jorge Videla. Está documentado que Cuba bloqueó, una y otra vez, los intentos de que la ONU investigara las violaciones a los derechos humanos en Argentina entre 1976 y 1983.  

La injerencia cubana -y en el siglo XXI de su socia Venezuela- en estos hechos, queda evidenciada desde que los diálogos de paz entre el gobierno colombiano con las últimas guerrillas latinoamericanas, las Farc y el ELN, se desarrollen en La Habana y Caracas. 

“Los reyes de España nos trajeron (…) a los buscadores de oro”. 

Fidel y su familia es una de las fortunas mayores del mundo. El monto constituye “el secreto mejor guardado de la Revolución”. Fue dueño de un país entero durante décadas. Resulta cínica esa supuesta desvalorización de la riqueza, hecha por Fidel –y por varios de los actuales líderes progresistas- únicamente para la tribuna, pero no para sus bolsillos. 

“El turismo hoy, en gran parte, consiste en mostrar las delicias de los paisajes y saborear las exquisiteces alimentarias de nuestros mares, y siempre que se comparta con el capital privado de las grandes corporaciones extranjeras”. 

Párrafo de una hipocresía solamente inadvertida por desinformados: si no fuera por los empresarios turísticos españoles y jineteras y jineteros habaneros, su falacia de sociedad igualitaria se hubiera venido al suelo después de 1989. 

“Nadie, sin embargo, es bueno o es malo por sí mismo”. 

No señor. Él, a sus 89 años es alguien negativo por sí mismo. Persiste en mantener a millones de cubanos en el retraso, en el adoctrinamiento ideológico, en la desesperanza de ver que el mundo cambió -por cierto que no a un mundo equitativo y deseable- pero al que ellos, por el capricho de un ególatra recalcitrante soportado en el ejército, no acceden. 

“Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”, declaró el glorioso líder negro Antonio Maceo”. 

Fidel se apropió personalmente de Cuba durante casi medio siglo y esa usurpación persiste enquistada en la férrea estructura creada por él, que no vaciló en apelar a lo que fuera, incluido el oscuro episodio del narcotráfico.  

Recuérdese la eliminación de los “héroes cubanos, sumariamente fusilados en 1989, en sospechosa rapidez tendiente a ocultar responsabilidades que se han filtrado: "Pablo Escobar estuvo en la casa de mi familia en La Habana el 22 de febrero de 1989, y le llevó un ramo de flores de regalo a mi madre, que ese día celebraba su cumpleaños'', reveló el 11 de marzo de 2008, Daniel Abierno Govín, ex primer teniente del Ministerio del Interior (MININT), cubano, luego de exiliarse en Estados Unidos. 

Manuel Piñero (Barbaroja), expuso, a los más altos gobernantes cubanos que las drogas con destino a los Estados Unidos eran un elemento desestabilizador del gobierno y sociedad de este país 

La guerrilla colombiana del M19- desmovilizada a fines de los ochenta- recibía entrenamiento y armamentos de Cuba que indicaba la necesidad de que usaran drogas para financiar su revolución. En 1985, el M19 asaltó el Palacio de Justicia en el centro de Bogotá, tragedia en la que murió un centenar de personas, 12 de ellas magistrados. Ese hecho terrible en la historia moderna de Colombia- en la que el ejército colombiano excedió notoriamente su acción para contrarrestar el ataque- hoy se sabe que fue coordinada por el M 19 con Pablo Escobar. 

“Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria…” 

Increíble. Obligó a los negros cubanos a luchar en África como verdaderos mercenarios al servicio de Moscú.  

“Tampoco olvidaré las encendidas palabras de Camilo Cienfuegos aquella noche.” 

Nunca se despejó la sospecha, nacida en la misma Cuba, de que Cienfuegos desapareció ejecutado por el propio Fidel Castro. 

“Tampoco dice (Obama) que la discriminación racial fue barrida por la Revolución”. 

Falsedad social. Los negros siguen discriminados en la Cuba de hoy como lo fueron antes de 1959. El ensayista negro Manuel Cuesta Morúa explica que hoy Cuba vive “un proyecto de nación racista que ya está en marcha (…) en La Habana para la convalidación de la discriminación penal y policiaca que hoy sufre el negro en Cuba.  

“Que el retiro y el salario de todos los cubanos fueron decretados por esta antes de que el señor Barack Obama cumpliera 10 años”. 

Salarios promedio de 20 dólares mensuales con los que nunca, nunca, Fidel, ni su entorno, subsistieron; sino que esos salarios fueron impuestos a los trabajadores cubanos, emparejando para abajo. Cualquiera que haya viajado a Cuba lo sabe.  

“Esta pasaría a la historia por la batalla que (Cuba) libró en Angola contra el apartheid”. 

Falsedad histórica: el apartheid y la liberación de ese autentico héroe que fue Nelson Mandela, se debió la caída del Muro de Berlín, demolición rechazada y lamentada por Fidel.  

Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: 'Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza'. 

Este fragmento del discurso de Obama le dolió especialmente al ex dictador. Nada más peligroso para su relato mitómano que proyectarse hacia el futuro. Nada de eso soporta Fidel. 

No soporta ni siquiera el presente, en que la corrupción y desmanes de sus amigos progresistas quedan en evidencia, obviamente no analizada por Castro: Cristina Fernández y su banda, filmada en su robo de millones de dólares al erario público. Lula perdiendo cada día trozos de su legítima aureola de obrero que dignificó a veinte millones de brasileños, pero que no escapó a la corrupción devenida de la redoblada permanencia en el poder. El “socialismo del siglo XXIde una fragilidad incapaz de soportar la baja en el precio del crudo. No es un presente nada apetecido por Fidel. Y el futuro de libertad, lo que anhelan millones de jóvenes cubanos hartos de la demagogia castrista, tampoco es halagüeño.  

Se refugia en un supuesto pasado de gloria. Pero cada vez engaña a menos.