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¿Acaso Cuba no tiene nada que normalizar?
Gabriel C. Salvia
16 de abril de 2009
Los gobiernos latinoamericanos no tienen autoridad moral para reclamarle públicamente a Estados Unidos ''normalizar'' sus relaciones con Cuba si, al mismo tiempo, no le exigen a la dictadura cubana liberar a los más de doscientos presos políticos que hay en la isla e iniciar una apertura democrática.
 

El régimen cubano ha realizado un intenso lobbying regional para que algunos presidentes latinoamericanos, cómplices de las violaciones a los derechos humanos por parte de la dictadura militar de los hermanos Castro, reclamen en la Cumbre de las Americas en Trinidad y Tobago por el fin del embargo comercial de los Estados Unidos e insten a la "normalización" de las relaciones incluyendo el retorno de Cuba a la OEA.

Al respecto, el presidente progresista de los Estados Unidos, Barack Obama, publicó en varios medios de la región el artículo "Eligiendo un futuro mejor en las Américas". En el mismo, primero destaca algo muy bien recibido en América Latina: "modificamos una política hacia Cuba que durante décadas no ha logrado promover la libertad ni oportunidades a favor del pueblo cubano. En particular, prohibir que los cubanoestadounidenses visiten a sus familiares en la isla o les brinden recursos carecía de sentido, especialmente tras años de dificultades económicas en Cuba y los devastadores huracanes del año pasado. Ahora, esa política ha cambiado".

Pero luego Obama se referirá a un aspecto de las normalizaciones que requiere Cuba que es ignorado por la mayoría de los presidentes latinoamericanos, quienes carecen de verdaderas convicciones en materia de derechos humanos, preocupándose más en mantener cordiales relaciones con los viejos dictadores que en apoyar las aspiraciones de libertad y democracia del pueblo cubano.

Es que Obama fue muy elocuente sobre un aspecto que los políticos y la opinión pública latinoamericana sospechosamente pasan siempre por alto al hablar sobre la “normalización” de las relaciones con Cuba y su retorno a la OEA: "la cumbre le da a todo líder que ha sido elegido democráticamente la oportunidad de reiterar los valores que compartimos. Cada uno de nuestros países ha emprendido su propio camino democrático, pero debemos estar unidos en nuestro compromiso con la libertad, igualdad y los derechos humanos. Por eso anhelo que llegue el día en que todos los países del hemisferio puedan tomar su lugar ante la mesa, conforme a la Carta Democrática Interamericana. Y así como Estados Unidos va en pos de ese objetivo en su acercamiento al pueblo cubano, esperamos que todos nuestros amigos en el hemisferio se nos unan para apoyar la libertad, igualdad y los derechos humanos de todos los cubanos".

Solamente alcanza con leer los primeros artículos de la Carta Democrática Interamericana de la OEA para que quede muy en claro que es el gobierno cubano el que tiene que cambiar para "normalizar" así su integración regional, pues es la única dictadura del hemisferio con un sistema legal de régimen de partido único y disposiciones constitucionales y penales violatorias de las garantías más básicas en materia de derechos humanos.

En consecuencia, los gobiernos latinoamericanos no tienen autoridad moral para reclamarle públicamente a Estados Unidos "normalizar" sus relaciones con Cuba si, al mismo tiempo, no le exigen a la dictadura cubana liberar a los más de doscientos presos políticos que hay en la isla e iniciar una apertura democrática que termine con medio siglo de bloqueo a las libertades más elementales del pueblo cubano.

Gabriel C. Salvia es Presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).